REDESCUBRIENDO: El Bien

Por: José Miguel Cuevas Delgadillo.

Opinión - 2017/03/22

La noción del bien ha existido a largo de la historia de la humanidad en todas las civilizaciones establecidas. La cultura occidental con base en raíces judías no es la excepción. Lo judíos como cultura y civilización han aportado el más sublime código de ética para regir comunidades y sociedades por más complejas que éstas sean. Los Diez Mandamientos también conocidos teológicamente como El decálogo o La Ley de Dios no son otra cosa que el código de ética dado a los hebreos (judíos antiguos) que en la actualidad nos rige en muchos de los ámbitos de nuestra vida en sociedad. Nos guste o no, seamos partidarios de los judíos o no, Los Diez Mandamientos son el pilar moral de la civilización occidental. De este código moral se desprende la definición e interpretación de justicia, y por sobre todo, las nociones del bien. Concebido desde esta perspectiva, El Bien es la noción moral que motiva la acción que promueve y salva guarda la integridad del ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza. Así, para los judíos la noción del Bien es, ante todo, respetar a Dios, el Creador de todo cuanto existe; y respetar al ser humano. Esta noción del Bien emanada de Los Diez Mandamientos proporcionan un desarrollo moral en la organización y en la vida cotidiana de las sociedades por muy modernas y progresistas que éstas sean. El Bien judío ayuda a guardar el orden, respeto y tolerancia en la convivencia entre personas. Como dijera el erudito y experto en cultura hebrea, Samuel Pagán:

En el Decálogo se hace un compendio de los preceptos y exigencias de Dios. Se incluyen los mandamientos que definen las actitudes justas del ser humano ante Dios, y las que destacan el respeto hacia los derechos de cada persona, como requisito indispensable para la convivencia en armonía.

A partir de esta filosofía moral se desprenden todas las versiones y nociones del Bien que en la actualidad existen. Para los sistemas religiosos en general, el Bien es la noción de una vida consagrada a todo los que sea bueno moralmente, lo que motive servir y dedicar nuestra vida a Dios. La mayoría de los sistemas religiosos sustentan el respeto por los seres humanos, esto conlleva toda obra que beneficie o traiga satisfacción plena a una persona en desgracia. Como tal, el bien existe, existe porque tenemos la necesidad de hacer actos buenos, acciones que beneficien a la humanidad. Todo bienestar (material, físico o espiritual) que satisfaga las necesidades de una humanidad en desgracia, es una acción que emana del Bien. Todos los seres humanos contamos con un código de ética que nos rige internamente y que sustenta nuestras decisiones: la conciencia. La conciencia existe, aunque algunos pensadores se dediquen a negarla, lo cierto es que contamos con ella. La conciencia se basa en el respeto por la integridad de los demás, por evitar que sufran los seres humanos. Cuando realizamos una acción en beneficio de una persona, la conciencia nos produce una satisfacción interna y nos sentimos en paz. Ante esta realidad, los seres humanos tenemos una esencia buena, es decir, buscamos en determinados momentos de nuestra existencia realizar actos que contribuyan al bienestar de la humanidad. Todos los seres humanos tenemos la capacidad de hacer el bien ¿Qué necesitamos? Hacerle caso a nuestra conciencia, decidir tajantemente no lastimar a nuestros seres cercanos, respetar los derechos de los demás, ser justos con todos, impedir la impunidad, la violencia y el abuso a la integridad de toda persona; contribuir a la pacificación de nuestro entorno, denunciar al criminal, regenerarnos si hemos hecho lo malo. Hasta la Próxima. Conferencista y Terapeuta Familiar. Consultas 311 136 89 86.

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