Mi hijo quiere cambiar constantemente de actividad extraescolar

Mujer y Familia - 2017/04/03

*A las semanas, a veces meses, de la vuelta al cole, tu hijo ya quiere cambiar de actividad extraescolar. ¿Debes ceder o animarle a seguir con la música, el deporte o el teatro?.

Agencias/Crítica.

La escena se repite cada año. Tu hijo quiere a toda costa que le apuntes a una nueva actividad: judo, danza africana, batería, escalada, pero, al cabo de unas semanas ya ha perdido la motivación. Se hace el remolón/la remolona cada vez que le toca ir y te dice que quiere hacer otra cosa. Como padres, es normal que su actitud os desconcierte. ¿Cómo actuar? Julie Poinsot-Meininger, psicóloga, os ayuda a entender su comportamiento.

Doctissimo: ¿Es normal que mi hijo quiera cambiar regularmente de actividad extraescolar?
Julie Poinsot-Meininger: Todo depende de la cultura familiar, de la edad del niño y de cómo hayáis procedido hasta el momento. Por lo general, es bastante frecuente que los niños quieran cambiar de actividad cada año hasta que cumplen 8/10 años. A esas edades, los pequeños tienen una gran curiosidad y muchas ansias por descubrir. Otro parámetro a tener en cuenta es la tradición familiar. Por ejemplo, en algunas familias se ha tocado el violín generación tras generación. En esos casos, el niño puede sentirse atrapado en las expectativas familiares y querer escapar de ellas cuanto antes. Si fuera así, no es bueno forzarle.
Cambiar de actividad extraescolar al principio de curso no debería suponer un problema. De manera excepcional, también puede que el niño quiera hacerlo ya avanzado el año. En cambio, cambiar regularmente de actividad plantea varias cuestiones: problemas de autoestima, falta de compromiso, de entendimiento con sus compañeros, de capacidad para gestionar las obligaciones vinculadas al aprendizaje, etc.
Doctissimo: En ese caso, ¿cómo debemos actuar?
Julie Poinsot-Meininger: Lo primordial es establecer un diálogo con el niño para comprender por qué quiere dejarlo. ¿Por qué has tomado esa decisión? ¿Qué te haría animarte a continuar o a dejarlo definitivamente? ¿Qué es lo que más te gusta y lo que menos?. Estos son ejemplos de las preguntas que podéis hacerle para tantear la situación. Hay varios factores que pueden influir en su deseo de cambio: integración en el grupo; habilidades necesarias para el desarrollo de la actividad y satisfacción obtenida; amigos que practican la misma actividad; cansancio; otros compromisos semanales También pueden entrar en juego problemas relacionales entre adultos y niños durante la actividad (falta de entendimiento con el profesor, desacuerdo con el método de aprendizaje). Es importante entender bien lo que ocurre y saber cómo vamos a poder ayudar al niño desde nuestro papel de padres. Tener bien claro lo que queremos transmitirle o no. Por ejemplo: en la adolescencia, la capacidad de pasar por alto la falta de entendimiento para disfrutar de la actividad que nos gusta. O, justamente, darle importancia a las personas con las que nos relacionamos y transmitirle al niño las limitaciones que no quiere superar para su bienestar.
Doctissimo: Y antes de la adolescencia, ¿qué actitud debemos adoptar?
Julie Poinsot-Meininger: Antes de los 10 u 11 años, que el profesor no sea de su agrado puede ser una de las causas de abandono de la actividad, pues el niño todavía no es capaz de obviar la calidad relacional.
Como padres, es fundamental que confiéis en vosotros mismos ya que tenéis la capacidad de intuir si algo no va bien.
Es cierto que en algunas familias el valor del compromiso es muy fuerte, pero forzarle a continuar a cualquier precio no es beneficioso para el niño.
Doctissimo: Entonces, ¿debemos ceder y aceptar que cambie de actividad a mitad de curso?
Julie Poinsot-Meininger: No existe una única respuesta. Se debe encontrar un punto medio entre lo que queremos inculcar al niño, sus necesidades y deseos, lo que le aporta la actividad, y la cultura familiar. Plantearos qué queréis como padres y cuáles son las concesiones que estáis dispuestos a hacer puede serviros de pista para reflexionar. Comprometerse a seguir con la actividad puede traducirse en una muestra de respeto: hacia sí mismo, hacia el grupo, hacia el compromiso económico, hacia el padre o la madre que por fin ha conseguido tener ese hueco libre para acompañarle, etc. Sin embargo, un niño que dice eso no me gusta puede ser el mejor indicador.
También dependerá de la capacidad emocional y del carácter del niño. Si llora o protesta antes de ir a sus clases, lo mejor es que lo deje, salvo que se trate de su manera habitual de interactuar. Si es un niño distraído, poco centrado, no debería sorprendernos que quiera cambiar de disciplina. Aunque puede que haya que ver más allá: evaluar sus limitaciones, el funcionamiento familiar y la reacción de los padres. En cambio, si el niño es buen estudiante y suele estar centrado, será necesario que le preguntes más cosas si te dice que quiere dejarlo.
No debemos olvidar que este tipo de actividades también pueden ser muy útiles a la hora de ayudar a los niños a canalizar sus emociones.
Doctissimo: ¿Existe alguna señal de la que debamos estar pendientes para detectar el malestar del niño cuando practica una actividad extraescolar?
Julie Poinsot-Meininger: Es importante interesarse por lo que el niño vive en este contexto. Lo mejor es anticiparse, buscando algún momento al día, cuando coméis juntos, por ejemplo, para charlar sobre la actividad en cuestión. ¿Qué momento es el que más te ha gustado y el que menos? ¿Por qué? ¿Qué profesor te gusta más? ¿Qué amigos/amigas van contigo?. Todas estas preguntas harán que el niño sienta que tiene vuestra atención. De este modo, también contaréis con información de antemano por si más adelante surgiera algún problema.
El desinterés repentino por la actividad puede manifestarse cuando el niño empieza a hacerse el remolón para ir a la siguiente clase, no habla del tema cuando vuelve a casa o al año siguiente no quiere que lo volváis a inscribir.
Doctissimo: ¿Debemos ir a ver al profesor responsable ante los primeros síntomas de indiferencia?
Julie Poinsot-Meininger: Por qué no, pero sabiendo que no debéis esperar que el profesor cambie las cosas, ya que quizás no está en sus manos. Lo mejor es acudir con una actitud abierta y dialogante. El profesor podrá haceros partícipes de sus impresiones y compartir con vosotros posibles conflictos. Sin embargo, no se debe confundir lo que ve/nota el profesor con lo que dice el niño. Las sensaciones de cada uno pueden ser diferentes. Por ejemplo, un niño puede quejarse durante semanas a sus padres y el profesor llevarse una sorpresa cuando se entera. Puede que no haya notado nada especial o que aproveche la ocasión para repasar los puntos fuertes de vuestro hijo y motivarle para que siga hasta que acabe el año.
Doctissimo: ¿Existe un modo de evitar un cambio frecuente de actividad extraescolar?
Julie Poinsot-Meininger: Lo primero es tomarse el tiempo necesario antes de escoger actividad. Las jornadas de orientación a principio de curso pueden resultar muy útiles. Al niño se le presentará un abanico de actividades, podrá conocer al responsable de cada deporte/disciplina artística, hacerle preguntas e incluso probar la actividad. Este trabajo preparatorio, así como las sesiones de prueba, reducirán el riesgo de que el niño quiera dejar la actividad en mitad del año escolar.
También hay que reflexionar sobre la presión consciente o inconsciente sobre cuáles son las actividades adecuadas, a través de reflexiones aparentemente inofensivas del tipo: ¿De verdad quieres hacer eso? o los deportes de combate son muy violentos, el baile es de niñas.
El tono o la sorpresa también pueden ser malinterpretados por el niño. Este puede sentirse condicionado y querer tranquilizar o contentar a su mamá o papá (si ella/él practican ya algún deporte o tocan algún instrumento, por ejemplo).
Como padre, es legítimo que queramos transmitir una pasión a nuestros hijos. Si ese es el caso, debemos saber acompañar y hacerle descubrir sin presión, siempre desde una actitud lúdica. Tu hijo puede compartir tu pasión por la música o el deporte, pero no necesariamente en el mismo ámbito. Es fundamental preguntarse por qué queremos que el niño se parezca a nosotros.
Doctissimo: Entonces, ¿un niño debe practicar una actividad extraescolar para sentirse realizado?
Julie Poinsot-Meininger: Practicar una actividad no es indispensable para el desarrollo personal del niño, pero puede ayudar. Entre los 3 y los 6 años no deberíamos forzarles. Si surge algún problema, el niño es demasiado pequeño para expresarse y su comportamiento pasará por el rechazo y la resistencia.
Esto depende también del entorno familiar y de las actividades compartidas. Entre los 6 y los 12 años, una actividad extraescolar puede favorecer la apertura al mundo, la autoestima, la confianza en los demás, el respeto de las normas En esta fase, el niño descubre que tiene habilidades y que puede vivir cosas sin sus padres. Desarrolla su campo individual. Si tenéis el tiempo y los medios, y el niño os lo pide, no dudéis en dejarle practicar una actividad extraescolar.
Cuidado con no convertir su semana en una maratón. El niño debe tener tiempo para descansar y no hacer nada: momentos en los que no tiene deberes, amigos o cosas que hacer. El niño debe desarrollar su capacidad para estar solo y descubrir que hay momentos en los que hace lo que quiere dentro de su mundo. Las semanas frenéticas con una sobrecarga de actividades no son beneficiosas, todo lo contrario. Esta saturación puede manifestarse concretamente por el deseo de dejar una o varias actividades extraescolares durante el año.

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