¿Por qué nos engancha la prensa rosa?

Mujer y Familia - 2017/04/21

Agencias/Crítica.

Reconozcámoslo: no somos capaces de resistirnos a echar un vistazo a las revistas del mundo del corazón; todas queremos saber las últimas locuras de las hermanas Kardashian y poner cara a la nueva novia de Leonardo. Según multitud de estudios, nadie quiere admitir que lee la prensa rosa… y sin embargo, se venden cientos de miles de ejemplares cada semana. Así pues, ¿por qué nos empeñamos en ocultar que nos encanta leer este tipo de prensa, basada en el escándalo? ¿Por qué seguimos leyéndola a hurtadillas?

La prensa rosa nos hace sentir mejor con nosotras mismas

Comprobar que las estrellas que suelen pasearse por la alfombra roja, cantantes y mujeres dedicadas a la política tienen los mismos problemas que nosotras, es, en realidad, todo un alivio. De golpe y porrazo, las bajamos de ese pedestal y, sin querer, las humanizamos. Las estrellas también lloran, se divorcian, se deprimen… igual que nosotras.

“Comprobar que son como el resto de la humanidad nos ayuda a no amargarnos y a aceptar nuestra vida”, explica Luce Janin-Devillars, psicoanalista. “Por lo tanto, puede ser positivo, siempre y cuando no nos obsesionemos con la vida de los demás o con la manera en que los famosos resuelven sus problemas, olvidando así que nuestra situación es bien distinta”.

Consejo: Cuidado con no perder la cabeza; la pensión alimenticia que nos pague nuestro ex no tendrá nada que ver con la pensión que debe ingresar un multimillonario a su ex-mujer. En lugar de identificarnos con los famosos, ¿por qué no intentamos buscar aquello que nos diferencia, aquello que hace que seamos únicos? Nuestro carácter, nuestras inquietudes, nuestros ideales, nuestro físico… Se trata de un viaje interior que puede subirnos la autoestima y ayudarnos a sentirnos más plenos.

La prensa rosa nos hace sentir menos culpables

Saber que otros, y sobre todo personas famosas, también pueden sufrir desengaños amorosos o tener un mal día nos ayuda a aceptar nuestros sentimientos, en especial los que tendemos a esconder en el fondo de nuestro corazón. Reconocer esos sentimientos es una vía de escape, una forma de desahogarnos o, mejor todavía, una forma de rebelarnos.

Consejo: El riesgo es no tener el valor necesario para expresar nuestros sentimientos. Sin embargo, ser adulto implica ser capaz de expresar de forma clara y concisa las emociones y sentimientos que tenemos. También es una forma de evitar que, en un futuro, nos sintamos intimidados y no expresemos claramente lo que queremos o necesitamos.

La prensa rosa revela nuestras ganas de ser famosos

Pasearse por la alfombra roja del festival de Cannes, protagonizar la última película de James Bond, recibir un premio literario… Es nuestro sueño desde niños. Y nos da igual si el precio que tenemos que pagar es que nos persigan 30 paparazis día y noche.

Las ganas de ser famoso, aunque no se tenga ningún talento artístico particular, suelen dar esperanzas a personas que están pasando por un mal momento amoroso, económico o profesional. A veces, necesitamos recibir un poco de “reconocimiento”. “Y eso denota una carencia narcisista”, comenta Luce Janin-Devillars, “una especie de “vacío” que no logramos llenar y que funciona como el tonel de las Danaides: a medida que se va llenando, se va vaciando, porque tiene agujeros a ambos lados”.

Consejo: Es importante saber evaluar las ventajas y los riesgos de ser famoso y saber distinguir entre el placer narcisista de estar expuesto día y noche y la necesidad de intimidad. ¿Qué gracia tiene bañarnos en una playa paradisíaca y tomar el sol si sabemos que un tipo cargado con un teleobjetivo enorme intenta seguirnos la pista?

¿Por qué no probar otra cosa? Por ejemplo, podemos escribir en una hoja de papel nuestras virtudes y nuestros defectos y evaluar así los puntos fuertes y débiles de nuestra personalidad, de nuestra vida. Esto puede ayudarnos a darnos cuenta de nuestras cualidades y habilidades, y para descubrir que somos personas tan vacías como creemos.

La prensa rosa afila nuestra curiosidad

Leer cotilleos, y el placer que eso nos proporciona, es el equivalente imaginario de los dardos que nos gustaría clavar en la fotografía de todas aquellas personas que nos han hecho sufrir. Una magia moderna tan peligrosa como la magia tradicional. Centrarse demasiado, o incluso obsesionarse, en las desgracias y en las alegrías de los famosos, puede desviar nuestra atención, hasta olvidarnos de nosotros mismos. Podemos fantasear con la vida privada de los demás, pero su historia, sea cual sea, no nos ayudará a dirigir la nuestra.

Consejo: Leer la prensa rosa debe ser un momento de distracción. No podemos permitir que eso interfiera con nuestro estado emocional. Aunque los personajes que aparecen en las páginas de papel maché sean nuestros ídolos, nunca debemos olvidarnos de nosotros mismos.  

Entender por qué un asunto u otro nos preocupa o nos entristece o, todo lo contrario, darnos cuenta de qué nos ilusiona y motiva, nos ayuda a dirigir nuestra vida. Lo que nos da fuerza o nos preocupa siempre es algo o alguien que tiene cierta importancia en nuestra vida. Y al comprender lo que nos mueve, podemos recuperar el sentido de nuestra vida. Es la ocasión perfecta para retomar las riendas de nuestra vida y dejar de tener la sensación de ser un juguete del destino.

La prensa rosa llena un vacío interior

“La naturaleza aborrece el vacío”, decía el filósofo Aristóteles. Sin embargo, nuestra vida, entre el trabajo, los niños, el estrés, a veces nos parece desesperadamente plana, sin emociones. En ciertos momentos nos parece tan lineal y previsible que necesitamos animarla con información de los demás. Pero después de devorar la intimidad de las estrellas, ¿qué nos queda? La sensación de tener que hacer malabarismos para conciliar la vida profesional y la vida familiar y para pagar las facturas y los cuatro trapos que hemos comprado en H&M, aunque preferiríamos ir a Versace…

Consejo: Es fundamental preguntarnos qué necesitamos realmente, qué nos satisface, quién nos hace feliz, qué da sentido a nuestra vida. Hacerse estas preguntas marca el principio de una toma de conciencia.

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