¡Llegó la hora! Ni izquierdas ni derechas

Nacional - 2017/04/26

Agencias/Crítica.

Tres audiovisuales que circularon ampliamente por las redes sociales estos días, preludian la llegada del alba en este siglo XXI que habrá de enfrentar a los humanos al dilema supremo entre colapso o revolución civilizatoria, entre extinción o supervivencia. Estos tres discursos premonitorios anuncian que llegó la hora en que las fuerzas de la vida y de la historia natural y cósmica, pasan por fin a la ofensiva y remontan con su fuerza inmensa, humanística, telúrica y global, a las fuerzas de la muerte que hoy marcan el devenir del mundo, cuya fuente primigenia es un capitalismo suicida y entrópico que desata el caos, la miseria humana, la injusticia más extrema y la depredación de nuestro entorno. Se trata de un fragmento de la película El gran dictador, con Charles Chaplin dirigiendo un discurso, las palabras de José Mújica al recibir un homenaje en el otoño de 2016, y, especialmente, el discurso en Marsella de Jean-Luc Melénchon, el candidato más avanzado y audaz de las elecciones francesas.

Los tres discursos fraguan una esperanza iluminadora en esta oscuridad en que se ha convertido el mundo actual. Sus palabras nos dicen que ha llegado la hora de asumirnos como seres humanos que compartimos un destino común y eso implica el fin de las ideologías, no de unas u otras, sino de todas, las de izquierda, centro y derecha, y su sustitución total por la conciencia ecopolítica, genérica y planetaria de las mujeres y los hombres. Necesitamos ya una política desde, por, para y con la vida.

En esos tres documentos, la palabra vuelve a tener sonido. Son discursos que dejan por fin los pesados muros de una práctica política basada en las inercias o en el cinismo, en el disfraz o en la armadura. Atrás irán quedando los liberales y los neoliberales, la larga cauda patriarcal de las religiones, todos los socialismos, los marxismos, anarquismos, trotskismos y maoísmos, que por siglos nos encerraron en celdas ideológicas de una épica que ya no funciona. Porque como demostró con plenitud Morris Berman en su libro Cuerpo y espíritu, la cara oculta de Occidente, los ismos surgen en los seres humanos cuando éstos no tienen un verdadero anclaje somático, cuando ya no cantan ni danzan, ni están atados al movimiento de la vida, que es lo que hace latir lo humano (ying/yang). Y en esto, los grandes maestros son los pueblos indígenas con su buen vivir.

Ha llegado la hora de expulsar de nuestras almas, las tentaciones irracionales y monstruosas de las derechas, que fincan sus gobernanzas en el odio a los otros, en la exclusión, en el exterminio y en la guerra, en la negación del conocimiento razonado y en la destrucción de la naturaleza. Son los estertores finales de una casta o clase que ha dominado al mundo durante los últimos 5 mil años, cambiando de nombre, disfraz, gestos, máscaras, maneras, pero manteniendo la misma actitud de soberbia y desprecio por los otros. Son los señores, sátrapas, faraones, dictadores, reyes, emperadores y magnates de siempre. El mundo irracional e injusto ha tocado fondo. Nunca antes una minoría de minorías había dispuesto de tanta riqueza y poder para aplastar al resto. Los ciudadanos organizados deben acometer, rodear y vencer a esas minorías que buscan esconderse tras muros de ignominia o vivir respaldados por gigantescos ejércitos y millones de soldados. La paz del mundo sólo vendrá de forma plena e irreversible cuando el último de los explotadores sea eliminado por una sociedad basada en la equidad y la aplicación estricta de los derechos universales de los hombres, el gran legado del mundo moderno.

Llegó la hora de romper los límites ficticios de las fronteras que han marcado los estados-nación, para construir un solo mundo, que es a la vez biológica y culturalmente diverso y sexualmente polícromo. Donde la inmigración se habrá diluido porque habrá libre tránsito. Los seres humanos podrán caminar todo el planeta y no habrá más pasaportes que su propia existencia y su dignidad de seres humanos. Porque hay que sentir con entraña de humanidad, como señaló José Martí. Llegó la hora de practicar un radicalismo sensato, porque como lo dijimos en 1968, ceder un poco es capitular demasiado. Hoy es la hora de los hornos, del retorno al arte de la agricultura delicada, de la economía social y solidaria, del trueque y las monedas locales, de una ciencia para los pueblos no para las corporaciones y de tecnologías humanizadas. Entremos a la época en que comenzará a practicarse una educación libre y libertaria, sin escuelas racionalistas, castrantes, elitistas y supresoras de la creatividad. Una escuela de seres sentipensantes, no una fábrica de obedientes soldados industriales. Llegó la hora de cerrar las fábricas de automóviles, el ogro industrial que mata cada año a un millón de seres humanos, a dejar confinados bajo la tierra el petróleo y el gas, a cerrar para siempre los bancos y las corporaciones y sustituirlas por cooperativas de ahorro y de trabajo y por empresas familiares, a prohibir los campos de concentración donde fenecen millones de animales (cerdos, pollos, reses), a retornar a los paisajes diversificados y a las selvas exuberantes, a enverdecer las ciudades y convertir los parques y baldíos en zonas de producción barrial de alimentos (como ha ocurrido en Cuba), y a acabar con los extensos campos de golf y con los descomunales latifundios de cultivos transgénicos (Sudamérica).

¿Y en México? En el país, la única opción que se vislumbra en lo inmediato, en esta nueva era que comienza, es la de un Movimiento por la Regeneración Nacional (Morena) que sea ecológico, social, multicultural, sensual y libertario, capaz de movilizar a los mexicanos decentes, trabajadores, creativos y emprendedores, hartos de ser explotados. ¡Ni izquierdas ni derechas, sino todo lo contrario!

 

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