La presbicia o vista cansada, un problema que nos afecta a todos

Mujer y Familia - 2017/08/04

Agencias/Crítica
En los países industrializados, 6 de cada 10 personas presentan defectos de vista, de los cuales 3 son presbicia. Con el aumento de la esperanza de vida, la presbicia está en pleno boom.


El cristalino, gran responsable

El causante de esta dificultad, una pequeña lentilla transparente y bombeada en sus dos caras: el cristalino. Es uno de los elementos más sorprendentes del cuerpo humano. Permite ver con nitidez a todas las distancias ya que es capaz de modificar su curvatura. Resulta perfectamente funcional desde el nacimiento (el ojo normal de un bebé ve con nitidez de los 5 cm al infinito), pero con el paso del tiempo, cada vez es más grueso ya que acumula células del mismo modo que el tronco de un árbol crece con capas sucesivas.

Es ahí cuando el cristalino pierde flexibilidad, cada vez es menos deformable bajo la acción de los músculos ciliares situados a su alrededor y la distancia mínima a la que los ojos ven con nitidez aumenta. De 5 cm al nacer pasamos a 10 cm a los 20 años, 25 cm a los 40 años, 50 cm a los 50 años y 2 metros a los 70 años. La distancia habitual de lectura se sitúa entre los 30 y 40 cm, por lo que se entiende que a los 40-50 años aparezca la presbicia. En realidad, el proceso se ha iniciado en el nacimiento, cuando las células han empezado a superponerse.


¿Qué correcciones existen para la presbicia?

En principio, la corrección de la presbicia es muy sencilla. Consiste en restituir una visión de cerca de calidad respetando la visión de lejos. Como hemos dicho, el único modo del que disponemos es con la adición óptica: cristales o lentes convergentes que aumentan la potencia óptica de los ojos.


Los cristales monofocales: bien de cerca, cero de lejos

También se les llama de foco simple, ya que su potencia es la misma en toda la superficie del cristal.

Ventaja: vemos de cerca en todos los puntos de los cristales.

Inconveniente: a partir de algunos metros, la visión es de mala calidad, es más tenue. Para ver bien a partir de allí, debemos quitarnos las gafas o mirar por encima. Estas manipulaciones incesantes hacen que este principio resulte incómodo para un uso frecuente y rápidamente nos damos cuenta de que se trata de una solución transitoria o complementaria.

¿Para quién? Las personas con presbicia inicial que solo llevan gafas ocasionalmente, sobre todo para leer o coser, y que no dudan en quitárselas para ver de lejos.

Una alternativa Las gafas de medialuna son las que llevan cristales para ver de lejos sólo en la parte inferior. No pueden llevarse cómodamente y de forma permanente ya que, por ejemplo, pueden dificultar la conducción de vehículos, pues obligan a bajar la cabeza para ver la carretera Además, también dejan clara la edad del que las lleva.

¿Para quién? Las personas jóvenes con presbicia que sólo utilizarán las gafas de forma ocasional ya que tienen una buena visión de lejos. También podrán ser unas gafas secundarias para los que llevan cristales progresivos.


Los cristales bifocales

Ponen de manifiesto la edad. Tienen un doble foco: en la parte inferior contienen una zona para ver de cerca; y el resto del cristal es para ver de lejos.

Ventaja: podemos ver tanto de cerca como de lejos sin tenernos que quitar las gafas.

Inconveniente: en las distancias intermedias se ve de forma imperfecta. Además, los movimientos de los ojos se ven limitados entre el segmento para la visión de cerca y el de la visión de lejos, lo cual comporta cortes de las imágenes. Asimismo, este tipo de gafas también ponen de manifiesto la edad, como en el caso de las gafas de medialuna.

¿Para quién? Para los que ya llevan gafas para corregir su visión de lejos (personas con miopía, hipermetropía o astigmatismo) y los que la visión de imágenes segmentadas no les molesta demasiado.


Los cristales progresivos

Ver con nitidez a todas las distancias. Su potencia óptica varía progresivamente entre la parte superior del cristal, reservado a la visión de lejos, y la parte inferior, destinada a la visión de cerca. Esta vez, sin ocasionar ruptura óptica ni estética. Desde su creación, hace unos cuarenta años, no han dejado de mejorar para responder cada vez mejor a las necesidades de cada persona con presbicia.

Ventajas: vemos con nitidez a todas las distancias y a toda discreción, el movimiento de los ojos es libre y se consigue la visión de antaño.

Inconvenientes: puede ser necesario un tiempo de adaptación que, con los cristales de nueva generación, es prácticamente inexistente.

¿Para quién? Las personas jóvenes con presbicia o aquellas no tan jóvenes, que son exigentes y desean volver a tener una visión natural tanto si han llevado gafas antes como si no. También aquellas que no desean que sus gafas delaten su edad.


Las lentes de contacto

En unos quince años, se han desarrollado numerosas soluciones y se estima que, en España, aproximadamente un 4% de las personas con problemas de vista cansada utilizan este modo de corrección. Sobre todo las mujeres, los deportistas y los que ya llevaban lentillas antes, por ejemplo miopes que ahora tienen presbicia. Como en el caso de los cristales, existen tres soluciones principales:

Las lentillas de foco simple corrigen un ojo en visión de lejos y el otro en visión de cerca. Este sistema se denomina basculado o monovisión y se asemeja al monóculo.
Las lentillas bifocales superponen dos imágenes de cerca y de lejos en la retina. Le dejan al cerebro la tarea de seleccionar la que necesitan.
Las lentillas progresivas crean las imágenes de los objetos situados a cualquier distancia sobre la superficie de la retina. En teoría, vemos de forma nítida y continua de cerca hasta el infinito. Es la solución más reciente y la más satisfactoria incluso aunque, a veces, la agudeza visual es inferior a la obtenida con las gafas.
¿Para quién? Los presumidos que se niegan a llevar gafas y los que están acostumbrados a este tipo de corrección.

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