Alimentos cerebroactivos, ¿aún no los conoces?

Mujer y Familia - 2017/09/06

Agencias/Crítica

Con un perfil único en el mundo por su doble condición de doctor y chef Miguel Sánchez Romera, nos explica el gran impacto que tiene la alimentación en este órgano vital, evaluando los alimentos beneficiosos y los que no lo son tanto.


Sin aditivos  químicos o productos sintéticos, este “neurococinero” español  te enseña a crear una comida sana, sabrosa y moderna usando productos naturales y de gran calidad

“No todos los alimentos son igual de beneficiosos para nuestra salud cerebral”, asegura este médico neurólogo en su nuevo libro, ‘ Alimenta bien tu cerebro’  al tiempo que lanza una de las premisas que debemos mantener a lo largo de toda nuestra vida: cualquier alimento que consumamos debe ser de la mejor calidad posible.


“No existen secretos, no hay más verdades que la que dice que si comemos una verdura, una fruta o una legumbre, su calidad depende de la tierra donde fue cultivada y de la manera en que se la alimentó y se la hizo crecer. Si no cuidamos los prados, bosques, montañas, ríos, lagos o mares, estamos comprometiendo aún más nuestra salud y nuestro bienestar, nos cuenta este chef galardonado con una estrella Michelín por su restaurante L’Esguard en Sant Andreu de Llavaneres. Por eso, una gran fórmula es cocinar nosotros mismos en la medida que podamos”.


Por otro lado, deberíamos tener en cuenta qué necesita el cerebro , y el resto del organismo, para funcionar correctamente y mantenerse sano.


Existen dos formas de alimentar bien al cerebro: con los alimentos cerebroactivos y con hábitos y estilo de vida cerebroactivos.


El cerebro necesita un poco de glucosa, que viene de los carbohidratos, y generalmente de los de

absorción rápida, para trabajar a todo rendimiento, para accionar las respuestas más inminentes y

lógicamente para un trabajo sostenido y constante de los complejos. Luego le hace falta oxígeno, que le llega de la respiración y del corazón a través de la sangre, algunos minerales esenciales que intervienen en la actividad neuronal, como el sodio, el potasio o el magnesio, y también unas vitaminas del grupo B.


Necesita los ácidos grasos insaturados, como el linoleico y el linolénico, que no produce el cuerpo y que debemos ingerir con alimentos como los aceites de semillas. Estos ácidos grasos del tipo linoleico pueden transformarse en los tan conocidos y beneficiosos omega-3, característicos de los pescados azules y que sirven para evitar el envejecimiento cerebral y otras enfermedades relacionadas con la circulación cerebral.


¿QUÉ SON LOS ALIMENTOS CEREBROACTIVOS?

Existe una relación entre lo que comemos y la dinámica del cerebro. Las sustancias cerebroactivas se presentan en dosis muy pequeñas dentro de algunos alimentos. Por lo tanto, su efecto no se comprueba de forma inmediata, sino que depende del número de veces (regularidad y constancia) que las consumimos y de su cantidad.


Esta influencia puede observarse más claramente en los aspectos de la energía celular, es decir, en la influencia sobre los mecanismos físicos y químicos de la célula. También algunos alimentos pueden tener una influencia sobre las funciones cerebrales, sobre su calidad y eficacia.


Se denomina “alimento cerebroactivo” a todo aquél que de una forma directa o indirecta participa o ejerce una influencia sobre el cerebro. La forma directa se da cuando los nutrientes de ese alimento participan en una determinada función o actividad cerebral, mientras que la indirecta se produce a través de aquellos nutrientes de los alimentos que, participando en el funcionamiento de otros órganos del cuerpo, colaboran en el buen funcionamiento del cerebro.


Alimentos cerebroactivos de acción directa e indirecta

Estos son algunos de los alimentos cerebroactivos de acción directa en el cerebro, o indirecta a través

del corazón, la circulación y la sangre, que deberían consumirse preferentemente.


Verduras y hortalizas

Este grupo de alimentos debería representar el 75% de la ingesta total diaria de alimentos. Ninguna verdura engorda por sí misma aun comiendo en exceso, salvo que se coma frita en aceites, mantequilla u otro tipo de grasas. Deben consumirse a diario de forma abundante, y lo ideal es variar las diferentes clases que nos ofrecen las estaciones del año. Sus nutrientes en forma de proteínas nos sirven para el crecimiento porque tienen un efecto neuroplástico. Al mismo tiempo, las proteínas están compuestas por aminoácidos, que son de hecho neurotransmisores. Llevan y traen información vital para todas las actividades cerebrales.


La patata, la lechuga, los guisantes, la alcachofa, el apio, la cebolla, el brócoli o el ajo son algunas de las verduras y hortalizas cerebroactivas que debemos incluir en nuestra dieta. Es muy importante consumirlas con la máxima cantidad de colores por su gran capacidad antioxidante.


Cereales

El germen de trigo es la parte que contiene más nutrientes, como pueden ser hidratos de carbono,

proteínas, ácidos grasos esenciales (linoleico y omega- 3), vitaminas B1, B2, B6, niacina y folatos, E como antioxidante, minerales y enzimas antioxidantes. Todos estos nutrientes son potentes cerebroactivos que benefician al cerebro, a la circulación y al corazón, lo que hace recomendable ingerirlos para ayudar al cerebro en situaciones de estrés y fatiga o ánimo depresivo. Su consumo debe aumentar durante los esfuerzos físicos o intelectuales.


Legumbres

Las legumbres son un alimento extremadamente nutritivo y concentrado que ingerido con los cereales puede llegar a ser un binomio ideal para una dieta saludable.

Contienen proteínas con casi todos los aminoácidos excepto la metionina, que sí está en los cereales. Tienen vitaminas B1, B2, B6, niacina, folatos y vitamina C, que son muy útiles para el cerebro. También incluyen minerales como el hierro y mucha fibra, lo que favorece el control del colesterol.


Los frutos secos

Las nueces son las más apropiadas para controlar el colesterol, ya que contienen ácido linoleico y omega-3.Éstos aumentan los niveles de colesterol HDL (el bueno), que protege a las arterias, al corazón y al cerebro. Los frutos secos tienen elementos fitoquímicos o medicinales como los flavonoides y compuestos fenólicos, que son grandes antioxidantes, y muy necesarios para combatir el estrés, ayudar al sistema de defensas o prevenir el envejecimiento cerebral y la arterioesclerosis.


El aceite de oliva

El cerebro es un motor que para funcionar a pleno rendimiento debe usar las motivaciones como gasolina. Si hablamos del corazón y hacemos el símil del motor, llegamos a la conclusión de que el mejor aceite para su óptimo rendimiento es el de oliva.


Sirve para controlar el nivel de colesterol en sangre porque aumenta los niveles de colesterol «bueno» o HDL. Y si bien reduce poco el «malo», esto hace que se convierta en protector de las arterias coronarias y el corazón, combatiendo la arterioesclerosis. Este efecto beneficia también al cerebro, porque está evitando la oxidación de las lipoproteínas (proteínas ligadas a las grasas). Además, reduce los trombos, por disminuir la fibrina, que es un agente trombótico. Así, el aceite de oliva protege doblemente al corazón y al cerebro. Por tanto, podemos afirmar que es un alimento cerebroactivo.

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