Arranca 2018. En la foto, AMLO es categoría 5; el Frente, tormenta; el PRI, nubes negras, y se alejan

Nacional - 2017/09/20


Agencias/Crítica.

Acaba de arrancar el proceso electoral de 2018 de manera oficial, aunque el proceso parece haberse acelerado este sexenio. Los aspirantes a la Presidencia de la República, a gobernadores, diputados y senadores, entre otros cargos de elección popular, brotarán de hasta debajo de la piedras. Morena, PAN y PRI se avizoran como los protagonistas de la contienda por la Presidencia de la República. El PRD podría tener el rol de fiel de la balanza, si quiere. Andrés Manuel López Obrador inicia adelantado en las preferencias electorales. Pero nada está definido.

Analistas consultados por medios nacionales pronostican que el Frente Ciudadano por México, integrado por PAN, PRD y MC más las fuerzas que se le sumen, podría complicar el triunfo del tabasqueño si es que llega con un candidato de unidad y con el apoyo de sus bases.  Al PRI, explican, le conviene una división del partido blanquiazul y una fragmentación del voto de izquierda y derecha para poder competirle al líder nacional de Morena.

Los politólogos y especialistas en juego de la silla caliente ven que la alianza partidista está a tiempo para posicionar a un “caballo negro”, un tapado. Pero también ven que tantas fuerzas reunidas en un sólo tronco serán difíciles de unir…

Se insiste,no hay nada definido, y el satélite en el el exterior ha tomado una polaroid del momento: Andrés Manuel López Obrador avanza como un pretendido huracán categoría 5; el Frente Ciudadano por México es una tormenta tropical que se forma sobre el mapa electoral pero que debe reunir condiciones para brincar de estatus; el PRI sigue dominando el cielo pero su fuerza es menguante y su mejor momento se perdió.

Para muchos mexicanos, el agua ha subido ya lo suficiente: esperan que esta temporada de huracanes pase ya, empiecen los días de cosechar algo. Los analistas políticos consultados por “sin embargo” dicen que el panorama se ve difícil, principalmente por los problemas de legitimidad en el órgano electoral; los encharcamientos que dejaron la falta de fiscalización y organización, así como por la amenaza de compra del voto, la fragmentación de los partidos, la inseguridad pública y la operación del Gobierno federal en contra de algunos aspirantes a la Presidencia de la República.

El domingo 1 de julio de 2018 se votarán 3 mil 326 cargos de elección popular como Presidente de la República, diputados federales, senadores y habrá elecciones locales en 30 estados del país donde se elegirán distintos cargos, entre ellos nueve gobernadores, incluyendo al nuevo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

“Es una elección que no apunta bien en términos generales; que puede verse más influenciada por la corrupción y violencia, que aunque no son determinantes electorales, influyen en el ánimo de los electores. A diferencia de otros procesos, hay una economía debilitada, problemas de violencia y corrupción, y una fragmentación de los grupos políticos”, dijo Gustavo López Montiel, experto en partidos políticos del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

Nicolás Loza Otero, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), explicó que uno de los factores novedosos de la elección del próximo año será el reto organizativo y de fiscalización para el Instituto Nacional Electoral (INE).

Después de la Reforma Política de 2014, anotó el analista, las atribuciones de los órganos electorales en los estados disminuyeron. Cualquier controversia, advirtió, en el marco de los comicios podría llegar al órgano encabezado por Lorenzo Córdova Vianello y sobrecargarlo.

“Vamos a tener una contienda por muchos cargos públicos, todo bajo la máxima autoridad el INE, lo que no había sucedido antes. En 2012, en 2006 hubo elecciones de Presidente de la República y de Jefe de Gobierno de la Ciudad de México con un árbitro distinto. Hoy es el mismo: el INE. Eso va a pasar en muchas entidades, tenemos concurrencia, muchos cargos en juego y una misma autoridad electoral lo que es una sobrecarga impresionante. Por ejemplo: un conflicto electoral en un municipio de Puebla, le puede tocar al INE”, explicó.

Ivonne Acuña Murillo, académica del departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana, señaló que el INE también enfrenta la falta de credibilidad y de confianza de los ciudadanos.

“Lo que pasó en el Estado de México es el último recordatorio de que la autoridad se está viendo rebasada en función de las facultades que tiene, con la última reforma electoral se le dieron demasiadas funciones y me parece que eso lo está rebasando. Lo está rebasando la actitud de los partidos que insisten en violar las leyes electorales, en restarle legitimidad al órgano electoral. Esta es la elección más grande que hemos tenido, es muchísimo trabajo. Lo más fuerte en términos operativos la amplitud, el exceso de facultades, y en términos de la ciudadanía el déficit de legitimidad y credibilidad”, apuntó.

 

Cartones