Chisgarabís: ENTRE DOCTORAS TE VEAS

Oscar González Bonilla/CDN

Opinión - 2017/10/24

Este viernes 20 me correspondió la ordinaria consulta médica mensual en el consultorio 8 de la unidad 25 del Instituto Mexicano Seguro Social en Tepic. A las 9:45 horas fue la cita, por supuesto que llegué media hora antes, porque de lo contrario no soy merecedor de la consulta familiar, pero esperé mi turno casi una hora.

Cuando escuché de la asistente mi nombre, veloz me dirigí al consultorio de puertas abiertas, como desde que la conocí le gusta atender al paciente a la doctora Silva Chacón Sánchez, quien en fecha reciente sustituyó por jubilación a la doctora María Guadalupe Soltero, oriunda de Mazatán, municipio de Compostela.

Una vez en posición frente a la médico, ésta hizo arreglo de papeles y enseguida a su celular entró una llamada que contestó de inmediato. Al terminar me dice: ¿Qué le sucede? Nada, en lo general estoy bien, contesté. ¿Cuáles son los medicamentos que se le administran?, me preguntó al tiempo que me indicaba que no podía en la computadora explorar mi archivo clínico porque en el edificio no había luz eléctrica.

Me interesa un medicamento, le dije. ¿Cómo se llama? No pude recordar porque son distintos los nombres de cada laboratorio fabricante. Por ejemplo: Ketosteril, Cetolán y Someral, entre otros. Le dije es algo así como aminoácidos, pero en realidad en todas las muestras indica Alfa cetoanálogos de aminoácidos. Esto preciso porque los tengo en mano, pero en el consultorio no supe definir.

Ante mi titubeo, la doctora Chacón Sánchez me pidió que llamara a mi casa para que me dieran el nombre del medicamento. En el escritorio me acercó hoja y bolígrafo para que lo anotara. Ahorita regreso, me indicó, y salió del consultorio. Llamé a mi hijo y en menos de un minuto tenía en Whatsapp la foto de la caja del medicamento. Ahora esperar el regreso de la doctora. Tardó varios minutos. ¿A dónde fue? No supe. Ese tiempo permanecí solo en el consultorio.

Le mostré la foto en el celular. De inmediato se puso a documentar papeleo sobre la consulta concedida, luego empezó a elaborar la receta respectiva. Cuando esto último hacía recibí en mi celular una llamada de mi compañero periodista Francisco Cruz Angulo, contesté con la confianza de que casi concluía la consulta, incluso le indiqué que en ese momento me encontraba en el Seguro.

La doctora Silvia Chacón Sánchez consideró inapropiado que contestará el celular, se molestó. Me expresó: ¡Qué le parece, yo haciendo la receta y usted llamando por teléfono! Aquí, en este momento, han sucedido cosas peores, le contesté. Nada me respondió, sino le reprocho, primero, la falta de energía eléctrica, haber contestado el celular durante la consulta y por último abandonar sin justificación su puesto de trabajo.

Desde la primera consulta noté en la doctora Silvia Chacón Sánchez un comportamiento agrio, sin una pizca de sentido humanitario, examinar al paciente sólo por compromiso. Ninguna recomendación, ni una palabra de aliento, nadamás las expresiones estrictamente necesarias, y adiós. A esa profesional mujer, más allá de las cinco décadas (esa es su apariencia física, a lo mejor me equivoco), me parece que le caigo gordo, no le simpatizo.

Por qué a mí me suceden cosas como ésta. Será por mi cara de perro, muy a pesar de querer ser condescendiente, o me consideran en realidad un chisgarabís, es decir, un mequetrefe, una persona alocada e irresponsable.

Reflexiono que a la doctora Silvia Chacón Sánchez como sucede con mucho más personas les incomoda, fastidia y molesta que les pida repitan lo dicho a consecuencia de mi discapacidad auditiva, tengo disminuida la capacidad de oir muy a pesar del uso de auxiliar auditivo. Por consecuencia, al bordo estoy de creer el sarcasmo de mi amigo por años, reportero gráfico Arturo Manuel “Guacho” Zúñiga Estrada (qepd): “Cabrón, tú aparte de ciego y sordo, estás pendejo”.

¡Para acabarla de amolar cuando me presenté a la farmacia para surtir la receta, el joven despachador me indicó que no había tal medicamento, que regresara el lunes. Fue el colmo!

Ah, como extraño la excelente atención de la doctora María Guadalupe Soltero, al margen de la obligada auscultación sus recomendaciones. Rostro del humanismo en la medicina, el cuidado de la salud con la máxima meta de preservar la vida, con verdadera sensibilidad humana. Ésta sí con belleza física, tradicional belleza de la mujer mexicana, nayarita en este caso.

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